LAS EDADES DEL METAL
El descubrimiento de la metalurgia del bronce el Próximo
Oriente, en torno al 2000 a.C., determino ondas transformaciones sociopolíticas
en esa región y en Europa. África, vastas zonas de Asia y, por supuesto,
América quedaron al margen de estos avances. El cobre, que en aleación con el
estaño da lugar al broce, venia trabajándose desde las postrimerías del
Neolítico (periodo llamado calcolítico), pero por su fragilidad tenía un uso
limitado y no pudo servir de base tecnológica a una cultura importante. El bronce,
en cambio, explica movimientos de pueblos y la expansión en Europa de gestes de
lenguas indoeuropeas, conocedoras de esa técnica, y que irradiaron al Cáucaso,
Asia menor y la India.
La existencia de yacimientos de estaño en el área atlántica
dinamizo esta región, con el consiguiente florecimiento de elaciones
mercantiles. Fue la época de los monumentos
metálicas (menhires, dólmenes, etc.), conmemorativos y funerarios, y del
desarrollo de nuevas formas cerámicas y metálicas, así como la difusión de la
práctica de la incineración de los cadáveres.
La metalúrgica de
hierro comenzó a propagarse por la cuenca mediterránea antes del año 1000
a.C., y sus consecuencias fueron decisivas. Las pesadas espadas de bronce
fueron sustituidas por las más ligeras y menos quebradizas del nuevo metal, y
ello otorgo superioridad a los pueblos que la poseían. El mundo mediterráneo
(invasiones dorias en Grecia; primeros pueblos itálicos) y Europa central y
occidental (celtas) se vieron sacudidos por los choques étnicos subsiguientes.
La presencia de los celtas ofrece
una notable continuidad, y por eso se a tomado como una punta para caracterizar
la Edad de Hierro, dividiéndolas en
dos periodos, correspondientes a las culturas de Hallstatt y la Téne. La
extensión de la influencia celta coincide también con una forma de
enterramiento llamada de los campos de
urnas, ya que se disponían de esos recipientes las cenizas de los muertos.
Conviene precisar que, al igual que en la Edad de
Piedra, las culturas del metal no se atiene a una sucesión rígida y uniforme.
En efecto, su penetración fue desigual y en ocasiones se solaparon. Así, en los
inicios, el bronce coexistió durante largo tiempo con el uso de la piedra, y en
el extremo cronológico opuesto, en plena era cristiana, los pueblos germanos a
los que hubo de enfrentarse Roma aún se hallaban en una fase avanzada de la
edad de hierro.
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