EL IMPERIO PERSA
EL IMPERIO PERSA
A los persas se debe la creación del primer imperio
verdaderamente universal, con una concepción política nueva y una eficacia muy
notable en la administración de unos territorios que englobaron todo el Próximo
Oriente. Se impuso en esta región un periodo de paz sin procedentes, y allí convivieron en
armonía pueblos de culturas distintas. Floreció el comercio y empezó a
extenderse el uso del dinero en las transacciones (a partir del reino de Lidia,
en Asia Menor, incorporado por los persas).
Un pueblos indoeuropeo establecido en la meseta de Irán, lo medos, creo un Estado fuerte en
el siglo VIII, a.C. paralelamente, otro grupo del mismo origen, los persas, fue
desarrollándose a expensas de los medos, por obra de los reyes de la dinastía
Aqueménide (del nombre de su fundador, Hakhamanish o Akaimenes), que lograron
la fusión de ambos Estados. Del imperio resultante (a partir de 550 a.C.) su
artífice Ciro II, que emprendió una política de conquista que la llevaron, por
él oeste, hasta las costas del egeo y, por el Este hasta el Indo. Estableció la
capital de Babilonia, de cuyo reino se apodero. Su sucesor Cambises II
(530-522) conquisto Egipto, valiéndose de la flota fenicia y con ayuda griega.
Darío I fue el verdadero arquitecto del imperio universal de
los persas, colocando la figura del emperador por encima de las diferencias
culturales y religiosas, y dejando a sus súbditos libertad plena para desenvolverse
y comercial. Ello no era óbice para mantener un control férreo de todo el Estado mediante una profija y
eficaz burocracia, un sistema semifeudal basado en los amplios poderes
otorgados a los gobernantes regionales (sátrapas)
y una avanzada red de comunicaciones (correos y calzadas). El arameo era la
lengua oficial para todo el imperio. Darío traslado la capital a Susa, que
embelleció con grandiosos edificios inspirados en la tradición mesopotámica (a
la que se describen también las artes figurativas).
Hacia 522 a.C. dieron comienzo las llamadas guerras mediáticas (esto es,
<<medos>>) con Grecia.
Darío murió en 485 a.C., y le sucedió Jerjes, que fue
derrotado por los griegos y hubo de abandonar todo plan de expansión por
Occidente. En delante, los emperadores aqueménides derivaron hacia un
despotismo cada vez más acentuado. Darío III fue vencido por Alejandro Magno,
que en 336 destruyo el imperio persa.
Aunque los persas desarrollaron con el tiempo un
auténtico sincretismo cultural, con elementos propios, mesopotámicos, egipcios,
etc., en el terreno religioso se mostraron originales, con la difusión del
zoroastrismo (de su fundador y profeta, Zoroastro o Zaratustra, que vivió en el
siglo Vi a.C.), una doctrina basada en el enfrentamiento entre el bien y el
mal, y propugnadora de una moral más elevada de lo que era común en el mundo
oriental.
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